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Hubo un tiempo de fiestas de disfraces.
Podía elegir ser ridícula. Pero era demasiado joven e insegura.
Una pena, porque –hoy creo– hay pocas cosas más divertidas y gratificantes que hacer reír a los demás. Y, para eso, es condición necesaria saber reírse de uno mismo.
Con el tiempo aprendí a hacerlo. Y si bien aún tengo mis limitaciones, me di cuenta de que al mostrar ese costado de mí, quienes están alrededor se relajan y, en la mayoría de los casos, son capaces de mostrar también sus propios costados vecinos al ridículo. Para reírnos juntos. Unos con otros y no unos de otros.
¿Y por qué esta canción? Porque tiene un nombre ridículo, porque es el tema central de una película ridícula, porque invita a bailar de manera ridícula y porque despierta mis ganas de hacer el ridículo.



The Shoop Shoop Shoop Song (It's in His Kiss), Cher

Por cuestiones de principios, aunque pasé mi infancia en una localidad del Conurbano bonaerense en la cual abundaban las escuelas inglesas, mis padres decidieron que la mejor opción para mi educación era la escuela pública (la "escuela del Estado") y que el estudio de otros idiomas era una cuestión sin importancia. De todos modos, no pudieron frenar mi ambición "panlingüística" y, apenas comenzado el secundario, yo ya había logrado tener clases particulares de inglés y de francés. 
Poseída por un entusiasmo incontenible, me calzaba los enormes auriculares qeu es usaban en esa época para escuchar mis canciones preferidas y saltaba de alegría al darme cuenta de que las palabras sueltas iban transformándose en frases y las frases en estrofas hasta que un día, por fin, pude cantar mi primera canción completa: Please, Mr.Postman.



Please, Mr.Postman, Carpenters

Soy, por decirlo de alguna manera, "impar". Cuando apenas tenía uso de razón, ya quería ser lo que soy hoy. Antes de aprender a andar en triciclo aprendí a leer y escribir. Cuando otros chicos y chicas jugaban, yo leía libros "de grandes". Cuando mis compañeros de la escuela primaria iban a misa yo hacía un piquete en la puerta de la iglesia. Cuando mis compañeras de la secundaria intercambiaban historietas de Archie, yo me zambullía en "Arbol de Diana".
Durante mucho tiempo me costó horrores admitirlo. Después me costó asumirlo. Más tarde, me costó sostenerlo. No era tanto por mí como por los que me rodeaban. Porque el entorno nunca quiere que estemos fuera de escala o fuera del molde o más allá de la media normal. Y nos quiere así porque es más fácil, porque no complica. Entonces, cuando alzás la cabeza por encima del promedio, ¡zas!, viene el hachazo o el "callate, nena" o el "¡siempre lo mismo, vos!" o el cualquier cosa cuya intención es anular, disimular, desdibujar, maquillar o esconder tu singularidad más singular.
Repasando:
Me costó admitirlo porque eso significaba poner distancia con todo aquello con lo que necesitaba identificarme.
Me costó asumirlo porque –"nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio"– implicaba un camino sin retorno.
Me costó sostenerlo porque la persistencia venía de la mano con la soledad.
Luka y la voz de Suzanne Vega me recuerdan a esa adolescente que fui. La que resultaba atractiva por ser tan diferente; la que, en el fondo y en silencio, sufría por no ser igual a los demás.


Luka, Suzanne Vega

Cada vez que escucho esta canción mis pies empiezan a moverse y termino levantándome de donde esté para bailar. Porque me encanta, porque me llena de alegría, la he bailado con tacos y descalza, abrigada y casi desnuda, bajo techo y al aire libre, borracha de coca light o sedienta de champagne, sintiéndome agarrada a la tierra y también con los brazos en alto, como volando. La he bailado y la voy a seguir bailando.
La subo acá porque me gusta, porque hay momentos especiales en los que necesitamos conectarnos todavía más con las cosas que nos gustan y porque éste es uno de esos momentos. 


I'm yours. Jason Mraz

Hace más de treinta años, esta canción me emocionaba. Aunque en ese entonces no vivía en Buenos Aires sino en el Conurbano, me sentía atada a Buenos Aires por nacimiento y por elección.
Buenos Aires es para mí ese pedacito chiquito de un país que a veces es, como dice la letra de este tema, esquivo para corresponder el amor. Una ciudad cuyos habitantes suelen vivir mirando hacia afuera al punto de llegar a olvidarse de quiénes son y adónde pertenecen.
Con el tiempo volví a mi ciudad. La que tiene rincones increíblemente bellos. La que más de una vez me hace enojar. La que me permite ser yo: argentina y porteña. Donde miro hacia arriba para ver los edificios, donde me reconozco en la cara de la gente. 
La ciudad en la que puedo perderme sin perderme. Y en la que me pierdo para encontrarme.   
Esta canción todavía me emociona. Y hoy, mucho más.



Yo vivo en una ciudad. Fabiana Cantilo

Alrededor de 1980, esta canción hizo furor. Y bailar lambada era casi el colmo de la osadía. Sin embargo, yo la recuerdo por una anécdota muy diferente.
Estaba con parte de mi familia pasando un fin de semana largo en las Cataratas del Iguazú y entre las excursiones típicas del circuito se encontraba la visita a Ciudad del Este, allí donde se podía comprar todo tipo de mercadería de dudoso origen pero con etiquetas de renombre –igual que ahora en La Salada– a precios de baratija.
Ibamos en un micro medio destartalado que, después de un rato de andar en el precario camino de tierra colorada, se detuvo junto a varios colectivos más en una no menos precaria terminal. Nos pusimos de pie y empezamos a descender de manera medio desordenada. Entonces, un enjambre de chicos descalzos se abalanzó sobre nosotros gritando a voz en cuello:
¡A los forros musicales con la lambada, lleve los forros musicales con la lambada!



Lambada. Kaoma

Algunos años atrás, yo estaba pasando por una etapa medio negra –si la mirabas con un solo ojo– y mi hija, de regreso de un viaje a Estados Unidos, trajo todos los discos que, hasta ese momento, tenía editados Coldplay. Los había visto en vivo y estaba fascinada. Las siguientes semanas las pasamos escuchando sus canciones a toda hora, ella mientras recordaba con alegría el concierto y yo, entre lágrimas porque mi vida no iba a ningún lugar.
Tiempo después, cuando ya había empezado a salir del infierno, escuché este tema y Coldplay dejó de estar asociado a ese sentimiento horrible de angustia, a la tristeza y a la frustración.
Viva la vida es para mí un canto que celebra la curación de una grave enfermedad emocional.




Viva la vida. Coldplay

Sentirse bien no es fácil. Pero da el mismo trabajo que sentirse mal.
Me costó años salir del círculo del malestar. Todo debía ser cuestionado. Todo tenía que pasar por la razón, ese artilugio que suele traicionar al corazón con estocadas certeras. Todo tenía un lado malo que opacaba el brillo del lado bueno.
Un día entendí el mecanismo del perro que se muerde la cola, del paisano que cava el pozo alrededor de sus pies. Insisto: no es fácil. Sin embargo, no es imposible. Consiste apenas en comprender que no hay bueno ni malo, que todo es parte de una cadena de acontecimientos que, pretenciosamente, llamamos "mi vida".




Hakuna matata. Elton John
De la banda de sonido de "El rey león".


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