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Hubo un tiempo de fiestas de disfraces.
Podía elegir ser ridícula. Pero era demasiado joven e insegura.
Una pena, porque –hoy creo– hay pocas cosas más divertidas y gratificantes que hacer reír a los demás. Y, para eso, es condición necesaria saber reírse de uno mismo.
Con el tiempo aprendí a hacerlo. Y si bien aún tengo mis limitaciones, me di cuenta de que al mostrar ese costado de mí, quienes están alrededor se relajan y, en la mayoría de los casos, son capaces de mostrar también sus propios costados vecinos al ridículo. Para reírnos juntos. Unos con otros y no unos de otros.
¿Y por qué esta canción? Porque tiene un nombre ridículo, porque es el tema central de una película ridícula, porque invita a bailar de manera ridícula y porque despierta mis ganas de hacer el ridículo.



The Shoop Shoop Shoop Song (It's in His Kiss), Cher

Cuba es para mí: 
La alegría de su gente que se impone a la tristeza.
Un largo lagarto verde.
La salsa y el son.
La esperanza en la Revolución que me transmitieron mis padres. Y también la decepción.
Un bloqueo injusto que transformó a la isla en un prisionero que ha quedado olvidado en una cárcel abandonada.
Tres tristes tigres.
Un paraíso con playa y sol.
La mirada bondadosa de Ibrahím Ferrer y el eterno habano del Compay Segundo.



Chan chan, Buena Vista Social Club

Creemos que sabemos, creemos que crecimos, creemos que maduramos hasta que chocamos con los mismos hábitos que nos dañaron, con los mismos vínculos enfermos, con los mismos vicios del hacer que aplastan nuestro ser, con los mismos viejos errores.
Lo hiciste bien o lo hiciste mal o no lo hiciste o lo hiciste cuando no deberías haberlo hecho. Caminos que no llevan a ningún lado. Recorridos en círculos esperando una mirada de aprobación; alguien que te ponga una mano en el hombro para alentarte o una mano en el pecho para detenerte. Y no vamos a ningún lado porque no hay dónde ir. Y la mirada de aprobación no llega, o llega pero ya no tiene sentido. Y no hay mano que te aliente como no hay mano que te detenga. 
El camino es una escalera de caracol desde donde todo se ve siempre igual pero siempre es diferente. Entonces creemos que estamos subiendo, avanzando, progresando, triunfando. Hasta que necesitamos el zapato un número más grande porque el otro quedó chico, o hay que ampliar la casa, o el traje no nos cierra. La estructura no sostiene y debe ser destruida para construir otra. 
Y uno puede quedarse ahí con el zapato apretado, la casa abarrotada o el traje inocultablemente estrecho... quedarse en la estructura con la ilusión de la estabilidad y la intuición del estallido en ciernes... quedarse inmóvil, como muerto, para que lo que nos ahoga no nos duela. 
O también puede deshacerse de lo viejo, cortar las ataduras y desplegar las alas en un vuelo incierto. Y crecer una vez más sabiendo que no será la última. Y volver a equivocarnos porque el error es parte del logro. Y ponernos fuera del alcance de las miradas de aprobación y desaprobación (o quedarnos a su alcance pero que no nos importe). Y desconocer el paisaje y las caras y los gestos. Y vivir. Sólo vivir. Aunque lluevan sapos.
 

Wise up. Aimee Mann – Tema de la película Magnolia.

Buena parte de mi infancia transcurrió frente al televisor. "De aquí a la eternidad", "El puente de Waterloo", "De corazón a corazón", "La malvada", "La ventana indiscreta", "El cisne", "Desayuno en Tiffany's", "La princesa que quería vivir", "El ocaso de una estrella". Películas que vi una y mil veces, siempre fascinada por esa época de Hollywood en la cual las estrellas eran tantas que había que asignarles también los roles secundarios. "Sus dos amores" reunió a una Rita Hayworth desafiante y provocadora (como casi siempre) y a un Frank Sinatra que cantaba esta canción con una picardía que entendí aun cuando era chica y aun cuando no sabía una palabra de inglés. 
Me acuerdo de mí, estudiando las expresiones y los gestos de Rita frente a la tele para después intentar copiarlos frente a un espejo. Me acuerdo de mí fascinada con su figura curvilínea, los vestidos strapless y los guantes larguísimos. Me acuerdo de mí, de esa nenita que admiraba a las estrellas de Hollywood; de todas las ilusiones que quedaron en el camino o que se estrellaron contra la realidad. Y de todas las grandiosas maravillas que la vida me tenía reservadas y que jamás hubiese podido imaginar. 


Frank Sinatra. The lady is a tramp.

Estar firmemente atados a nuestras raíces nos permite volar alto y lejos porque sabemos que hay un lugar al cual volver, un refugio y un amparo. Ser conscientes de nuestras raíces nos ayuda a desplegar nuestro potencial, a que nuestra vida florezca y se expanda. El orgullo por nuestras raíces es el fino hilo que nos sostiene y nos alimenta.
Cuando olvidamos nuestro origen, perdemos el rumbo. Nos desorientamos, nos distraemos, nos traicionamos.
Esta escena y este tema de Cinema Paradiso siempre me devuelven al lugar y al tiempo en los cuales se forjó mi identidad; a esas cosas mínimas que sólo parecen tener sentido para mí; a un llanto que pinta el alma de alegría y esperanza. Es un espejo en el cual puedo mirarme y, sin ninguna duda, agradecer ser quien soy y venir de donde vengo.


Cinema Paradiso. Ennio Morricone

Sentirse bien no es fácil. Pero da el mismo trabajo que sentirse mal.
Me costó años salir del círculo del malestar. Todo debía ser cuestionado. Todo tenía que pasar por la razón, ese artilugio que suele traicionar al corazón con estocadas certeras. Todo tenía un lado malo que opacaba el brillo del lado bueno.
Un día entendí el mecanismo del perro que se muerde la cola, del paisano que cava el pozo alrededor de sus pies. Insisto: no es fácil. Sin embargo, no es imposible. Consiste apenas en comprender que no hay bueno ni malo, que todo es parte de una cadena de acontecimientos que, pretenciosamente, llamamos "mi vida".




Hakuna matata. Elton John
De la banda de sonido de "El rey león".


Nos separamos en silencio porque eran tiempos de silencio. Y todo quedó detenido ahí. Como una fiesta al aire libre que tuvo que ser suspendida por lluvia. Yo huí al anonimato de la ciudad grande. La mayoría se quedó en el pueblo y aunque los separaban apenas unas cuadras, nunca se sentaron ni siquiera a tomar un café. Muchos años después volvimos a encontrarnos. Parecía que retomábamos un vínculo congelado en el tiempo y que había llegado el momento de concretar esa celebración inconclusa.
Todo era alegría. Todo fue alegría por un breve lapso. Un intervalo glorioso en el que descubrimos que la vida nos había castigado y recompensado por igual; en el que nos reímos de nosotros mismos; en el que rescatamos aquellas cosas que quedaban de los que habíamos sido treinta años atrás. Y fuimos, por un rato, todos para uno y uno para todos.




All for love. Bryan Adams, Sting, Rod Stewart.
Tema musical de la película "El hombre de la máscara de hierro".


There are only four questions of value in life:
What is sacred?
Of what is the spirit made?
What is worth living for?
What is worth dying for?
The answer to each is the same - only love.

Don Juan de Marco




Sin historias, el parlamento de Johnny Depp que acabo de transcribir es maravilloso.

Have you ever really loved a woman? Bryan Adams.
Tema musical de la película "Don Juan de Marco".


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