Mostrando entradas con la etiqueta reflexiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reflexiones. Mostrar todas las entradas

Todo puede cambiar. De un día para el otro, de un momento para el otro. Lo que está adentro de un círculo puede estar afuera. Lo que está arriba de nuestras cabezas, abajo. Lo que era blanco puede ser negro y lo gris, desaparecer.
El fluir incesante de la vida nos desafía a la permanente transformación y nos muestra, con sus repetidas variaciones de rumbo y de densidad, que debemos ser flexibles y dinámicos.
Nada, salvo el movimiento, es seguro. Nada, salvo el no saber dónde estaremos al despertar, puede ser considerado una certeza. Quieta aquí, me estoy moviendo. Al abrir los ojos en mi cama, sé que he viajado durante toda la noche y que el cuarto en el que despierto no es el mismo en el que me dormí.
Quien no esté dispuesto a cambiar, queda estancado. Puede trabarse en un recodo o tomarse de una rama por miedo a dejarse llevar. Quien no esté dispuesto a cambiar se convierte en un punto lejano que dejamos atrás, a veces con tristeza, otras con indiferencia. Lo que prueba, una vez más que el tiempo no es tiempo sino espacio.



Bittersweet Symphony, The Verbe

 Ok, lo acepto. Uno siempre vuelve sobre las mismas cosas. Una vez que se definen nuestros intereses, los míos en este caso, los temas que captan nuestra atención se tornan recurrentes, vuelven a nosotros.
Por un lado, retomo el tema de las baladas de bandas que no hacen baladas.
Por otro, regreso a un tópico que siempre está conmigo: la memoria y, por extensión, el olvido.
Sin razón aparente, esta canción me pone en contacto con el placer de reflexionar sobre el recuerdo.
Eso que llamamos memoria no es otra cosa que nuestra capacidad de construir un relato de una situación que, aunque la hayamos vivido, será distinta, será otra, será presente cada vez que la contemos o nos la contemos.
¿Por qué no pensar que cada día somos "nuevos", otros, sin historia y sin más futuro que el lapso que existe entre el despertar y el volver a dormir? ¿Por qué no abrazar la idea de que si no hay historia no hay tiempo y si no hay tiempo no hay finitud? ¿Por qué no pensar que esa pequeña ausencia que es el sueño nos deja nuevamente en estado de tabula rasa sobre la cual inscribir, cada día, una biografía inédita? ¿Por qué no creer que es la sucesiva repetición de esa vida inventada la que crea nuestra realidad presente?
Nací el 14 de diciembre, fui al colegio Bernasconi, viví en Hurlingham hasta los 21 años, me gusta la mermelada de naranjas. Todas estas afirmaciones sólo tienen incidencia en mí si las recuerdo, si las traigo al ahora con mi relato. Si me entrego a ellas. Si las hago mías. O si dejo que me atrapen para siempre en el territorio de la certidumbre. Ese territorio que aniquila toda posibilidad de seguir creciendo.



I don't wanna miss a thing, Aerosmith

Estoy lejos de Buenos Aires. Acá, bajo este cielo, el horizonte es casi interminable. Desde un séptimo piso, las líneas luminosas del trazado urbano se pierden lejos, mezclándose con la cintura de árboles que envuelve la ciudad. Más lejos aún, la meseta grisácea. El viento, aunque hoy es suave, reseca la piel, agrieta los labios, desata la sed. 
Demasiado espacio, demasiado cielo, demasiado aire.
Demasiado desamparo para lo que soy: un verdadero, original, auténtico bicho de ciudad.



Bicho de ciudad, Los piojos

Hernán Figueroa Reyes, el autor de esta canción, murió en 1973. Aunque yo tenía apenas 14 años, recuerdo muy bien el accidente automovilístico y la noticia de su deceso unos días más tarde.
Si bien Figueroa Reyes y el folklore en general no figuraban en los primeros puestos de mi lista de intereses, esta zamba sí tenía un lugar en mis preferencias porque me atraía y me conmovía como casi ninguna otra. Percibía en la letra lo que después, con el paso de los años, confirmaría: que la muerte es un umbral mínimo en el eterno devenir de los tiempos. 
Hace poco más de un mes, el fallecimiento de alguien muy cercano me devolvió esta zamba. Cantarla, mentalmente o a voz en cuello, fue lo que me ayudó a ver de cerca ese umbral, a decidir cuáles quería que fuesen las condiciones de la despedida y, sobre todo, a comprender desde los huesos que no vernos no es lo mismo que no encontrarnos. Porque podemos estar frente a frente con los ojos abiertos y, sin embargo, el encuentro no se produce. O podemos no vernos nunca más y encontrarnos, sin cita previa, en el eterno devenir de los tiempos.



Zamba para no morir, Hernán Figueroa Reyes

Creo que no hay canción que no hable de amor. Pero para mí, algunas son especiales. The way you look tonight es una de ellas. Y no sin motivo. Alguna vez tuve una relación con alguien que decía que había nacido en la época equivocada porque su alma y su espíritu coincidían con los de la década de esta canción. Era un hombre de otro tiempo que vivía con mucha tristeza su permanente desacople con el tiempo actual. Era capaz de un romanticismo inusual. Y, por supuesto, bailaba muy bien, sobre todo los ritmos que nos transportan de inmediato a los salones en los que, en la década del 40, se bailaba swing. Tal vez lo que nos separó fue comprender que ese salto cronológico sólo podía ensancharse. El se quedó ahí, añorando un tiempo que nunca conoció. Yo seguí adelante, caminando hacia el futuro.



The way you look tonight, Rod Stewart

Cuando el flower power hacía furor yo era muy chica, así que ni Woodstock ni Monterrey; ni Janis Joplin ni Jimmy Hendrix ni Ravi Shankar ni Joan Baez ni Joe Cocker; ni largas túnicas de telas ligeras y coloridas ni amor libre; ni marihuana ni LSD, ni amor ni paz... Nada de eso formaba parte de mi mundo infantil.
Tiempo después, en mi imaginación adolescente veía esa época –reciente pero pasada– como el paraíso perdido de los poetas románticos, como el mundo que se había escapado y que había que recuperar y reconstruir.
La música de esos años era atractiva y a medida que avanzaba la década fue adquiriendo complejidad, cargándose de múltiples sentidos y tornándose, en cierta forma, misteriosa.
Por alguna razón que no llego a comprender, este tema siempre me trae una pincelada de extraña melancolía por un tiempo no vivido, me hace extrañar lo que nunca tuve y me recuerda el desamparo de la playa en un día de invierno.



California dreamin', The mamas and the papas

Soy, por decirlo de alguna manera, "impar". Cuando apenas tenía uso de razón, ya quería ser lo que soy hoy. Antes de aprender a andar en triciclo aprendí a leer y escribir. Cuando otros chicos y chicas jugaban, yo leía libros "de grandes". Cuando mis compañeros de la escuela primaria iban a misa yo hacía un piquete en la puerta de la iglesia. Cuando mis compañeras de la secundaria intercambiaban historietas de Archie, yo me zambullía en "Arbol de Diana".
Durante mucho tiempo me costó horrores admitirlo. Después me costó asumirlo. Más tarde, me costó sostenerlo. No era tanto por mí como por los que me rodeaban. Porque el entorno nunca quiere que estemos fuera de escala o fuera del molde o más allá de la media normal. Y nos quiere así porque es más fácil, porque no complica. Entonces, cuando alzás la cabeza por encima del promedio, ¡zas!, viene el hachazo o el "callate, nena" o el "¡siempre lo mismo, vos!" o el cualquier cosa cuya intención es anular, disimular, desdibujar, maquillar o esconder tu singularidad más singular.
Repasando:
Me costó admitirlo porque eso significaba poner distancia con todo aquello con lo que necesitaba identificarme.
Me costó asumirlo porque –"nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio"– implicaba un camino sin retorno.
Me costó sostenerlo porque la persistencia venía de la mano con la soledad.
Luka y la voz de Suzanne Vega me recuerdan a esa adolescente que fui. La que resultaba atractiva por ser tan diferente; la que, en el fondo y en silencio, sufría por no ser igual a los demás.


Luka, Suzanne Vega

Cuba es para mí: 
La alegría de su gente que se impone a la tristeza.
Un largo lagarto verde.
La salsa y el son.
La esperanza en la Revolución que me transmitieron mis padres. Y también la decepción.
Un bloqueo injusto que transformó a la isla en un prisionero que ha quedado olvidado en una cárcel abandonada.
Tres tristes tigres.
Un paraíso con playa y sol.
La mirada bondadosa de Ibrahím Ferrer y el eterno habano del Compay Segundo.



Chan chan, Buena Vista Social Club

Creemos que sabemos, creemos que crecimos, creemos que maduramos hasta que chocamos con los mismos hábitos que nos dañaron, con los mismos vínculos enfermos, con los mismos vicios del hacer que aplastan nuestro ser, con los mismos viejos errores.
Lo hiciste bien o lo hiciste mal o no lo hiciste o lo hiciste cuando no deberías haberlo hecho. Caminos que no llevan a ningún lado. Recorridos en círculos esperando una mirada de aprobación; alguien que te ponga una mano en el hombro para alentarte o una mano en el pecho para detenerte. Y no vamos a ningún lado porque no hay dónde ir. Y la mirada de aprobación no llega, o llega pero ya no tiene sentido. Y no hay mano que te aliente como no hay mano que te detenga. 
El camino es una escalera de caracol desde donde todo se ve siempre igual pero siempre es diferente. Entonces creemos que estamos subiendo, avanzando, progresando, triunfando. Hasta que necesitamos el zapato un número más grande porque el otro quedó chico, o hay que ampliar la casa, o el traje no nos cierra. La estructura no sostiene y debe ser destruida para construir otra. 
Y uno puede quedarse ahí con el zapato apretado, la casa abarrotada o el traje inocultablemente estrecho... quedarse en la estructura con la ilusión de la estabilidad y la intuición del estallido en ciernes... quedarse inmóvil, como muerto, para que lo que nos ahoga no nos duela. 
O también puede deshacerse de lo viejo, cortar las ataduras y desplegar las alas en un vuelo incierto. Y crecer una vez más sabiendo que no será la última. Y volver a equivocarnos porque el error es parte del logro. Y ponernos fuera del alcance de las miradas de aprobación y desaprobación (o quedarnos a su alcance pero que no nos importe). Y desconocer el paisaje y las caras y los gestos. Y vivir. Sólo vivir. Aunque lluevan sapos.
 

Wise up. Aimee Mann – Tema de la película Magnolia.

Desde muy chiquita me gusta la noche. Pero no es simplemente la noche como momento lo que me atrae sino, más bien, la idea de la noche y todo lo que viene con ella: la oscuridad, el misterio, lo oculto... 
Cada vez que tengo oportunidad miro al cielo nocturno con fascinación. Ahí está la inmensidad de lo desconocido. El movimiento eterno de lo que parece quieto. El reflejo de una luz viajera que ya no viaja y ni siquiera es luz porque hace tiempo que no existe. 
El cielo de la ciudad exige del espectador paciencia. Las estrellas más grandes van dejándose ver de a poco, como si se asegurasen que su brillo no va a ser devorado por las luminarias urbanas, como si no quisieran competir con ellas. El espacio a nuestro alrededor es bastante plano. La luna es reina y señora de las noches.
El cielo del campo es muy diferente. La profundidad de la bóveda celeste y la cantidad de estrellas nos acercan a la idea de infinito. Lo inconmensurable, lo inatrapable surge ante nosotros, majestuoso. Aquello que en la ciudad aparecía plano en el campo adquiere tres dimensiones. Advertimos que hay estrellas que están más cerca y otras que están más lejos. La Vía Láctea se muestra ante nuestros ojos como una franja luminosa. La luna comparte el protagonismo con todos los otros astros. 
El cielo también es conmovedor en noches tormentosas o nubladas en las que las nubes se recortan en grises rojizos o azulados, plomizos y brumosos. 
La noche me hace consciente de mi respiración y de mis latidos. La noche despierta mis instintos. La noche desata la más mía de todas mis voces.
Amo la idea de la noche. Y esta canción, para mí, es una canción de amor al misterio de la oscuridad.


Kiss from a rose. Seal

Si hay una canción que para mí celebra el estar bien, esa canción es ésta. Sin prejuicios y sin culpas. Sin vergüenza ni pudor. En un mundo en el cual "soy feliz" es una frase que debe ser dicha en voz baja para no romper el hechizo, para no despertar envidia, para que no ser considerado soberbio, arrogante y vanidoso, esta canción festeja el momento de la felicidad y la intensidad con la que deberíamos experimentarla, alejando de nosotros cualquier sombra de miedo, duda o tristeza. 
Casi todos estamos acostumbrados a celebrar nuestras alegrías con austeridad porque la felicidad es provisoria o porque "el que ríe en viernes llorará en domingo". ¿Y si pensáramos al revés? ¿Y si pudiésemos ser felices hasta los huesos porque, total, la felicidad es provisoria? ¿Y si pudiésemos valorarla porque es fugaz? ¿Y si pudiésemos entender y sentir que la tristeza también lo es? ¿Y si nos acostumbrásemos a pensar sólo en el ahora porque, en definitiva, es lo único que tenemos? 
El tiempo es una construcción que nos encarcela. El tiempo, en realidad, no existe. No hay pasado ni futuro. Sólo momentos encadenados caprichosamente por nuestra memoria. O sucesiones probabilísticas articuladas por nuestra imaginación. La vida es ahora. El ahora es eterno.
I'm a shooting star leaping through the skies. Don't stop me now, I'm having such a good time.


Don't stop me now. Queen.

En ocasiones siento que tengo la vida más o menos acomodada –por lo general, eso es a lo máximo que podemos aspirar–, todo se desliza apaciblemente y experimento un cierto clima de reposo. Sin embargo, la mayoría de las veces, todo es incierto. Camino en medio de la niebla. Ando a tientas, desorientada. Atino al movimiento para escapar de esa etapa incómoda o me quedo detenida por miedo a estar aún peor. El piso tiembla. El aire se espesa. La lucidez desaparece. 
Sé que tanto desconcierto suele ser preludio de un cambio estructural. Sé que se avecina una transformación, un giro que me pondrá en otra dimensión, en otro plano. Un salto cuántico. 
Sé que cuando las cosas andan para atrás, la certeza de que van a mejorar se llama fe. Sé que cuando las preguntas no tienen respuesta, la respuesta está soplando en el viento.


Blowing in the wind. Joan Baez

Estar firmemente atados a nuestras raíces nos permite volar alto y lejos porque sabemos que hay un lugar al cual volver, un refugio y un amparo. Ser conscientes de nuestras raíces nos ayuda a desplegar nuestro potencial, a que nuestra vida florezca y se expanda. El orgullo por nuestras raíces es el fino hilo que nos sostiene y nos alimenta.
Cuando olvidamos nuestro origen, perdemos el rumbo. Nos desorientamos, nos distraemos, nos traicionamos.
Esta escena y este tema de Cinema Paradiso siempre me devuelven al lugar y al tiempo en los cuales se forjó mi identidad; a esas cosas mínimas que sólo parecen tener sentido para mí; a un llanto que pinta el alma de alegría y esperanza. Es un espejo en el cual puedo mirarme y, sin ninguna duda, agradecer ser quien soy y venir de donde vengo.


Cinema Paradiso. Ennio Morricone

Tengo suficientes años –y una memoria que a veces es insoportable– como para recordar sucesos trágicos que en su momento conmovieron al mundo. Los que más marcaron mi infancia fueron los asesinatos de John y Robert Kennedy y el de Martin Luther King, y el suicidio (?) de Marilyn Monroe. Cuando ya era grande, el 8 de diciembre de 1980, me despertó la noticia de que John Lennon había sido baleado de muerte frente al Dakota Building, un edificio que ya era relativamente célebre porque la acción de la novela de Ira Levin, El bebé de Rosemary –y de la película del mismo nombre–, transcurría en esos departamentos.
Muchas veces me pregunté qué habría sucedido si alguno de esos acontecimientos hubiera tenido lugar en tiempos de internet. Por ejemplo, en vez de la imagen desesperada de Jackie sobre su marido agonizante, habríamos visto miles de videos tomados desde todos los ángulos posibles. Es muy probable que los problemas de Marilyn con las drogas hubiesen sido publicados a diario en las páginas de chismes del espectáculo, forzándola a internarse para una rehabilitación. Seguramente alguien habría podido plasmar para siempre el momento en que John caía herido frente a la puerta de su casa. Pero éstas son sólo hipótesis.



Starting over. John Lennon

Copyright 2010 Historias con canciones
Lunax Free Premium Blogger™ template by Introblogger